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Virtud de la Prudencia ante la falta de información relevante, seguiré entregando información por un tiempo sobre otros temas relevantes de actualidad, como salud, y otras clases de información.
ELMUNDO.ES
MADRID.- Un equipo de cirujanos del Reino Unido ha recibido la autorización del comité ético del Sistema Nacional de Salud de aquel país para llevar a cabo el primer trasplante de cara completo. Después de la experiencia llevada a cabo en Francia con
Isabelle, una mujer a quien se le trasplantaron los labios, nariz, barbilla y partes adyacentes de las mejillas, los médicos británicos intentarán ir más allá y ampliar la operación a todo el rostro.
Según informa en su página web la cadena de televisión
BBC, el equipo estará dirigido por el doctor Peter Butler, que lleva años estudiando todos los aspectos de una cirugía tan compleja: rechazo de los tejidos, impacto psicológico, problemas de identidad posterior...
Después del visto bueno de las autoridades sanitarias británicas, el equipo de Butler procederá ahora a seleccionar al receptor idóneo, probablemente una persona que haya pasado ya por numerosas operaciones reconstructivas.
"Entre 50 y 70 intervenciones", apunta este cirujano del Royal Free Hospital de Londres. "Han llegado ya al final de la vía reconstructiva y no hay nada más que ésta pueda hacer por ellos".
El doctor Butler se ha mostrado encantado con la autorización, aunque ha recalcado que "esto no es una carrera, sino sólo el principio de un largo viaje".
Selección de pacientes candidatos
Por el momento unas 30 personas se han puesto en contacto con su equipo para convertirse en la primera en pasar por el quirófano. Ahora, los cirujanos reducirán esta lista a un grupo de candidatos mucho más reducido, de cuatro o cinco, para evaluar que cumplen los criterios de selección.
De hecho, la operación requiere la
extirpación de la piel y tejidos subyacentes del donante, así como ocho vasos sanguíneos, cuatro venas y cuatro arterias. Posteriormente, el rostro completo tendrá que ser conectado al del receptor en una intervención que durará varias horas.
Una vez finalizado el procedimiento, el paciente estará obligado a tomar
fármacos inmunosupresores para evitar que su organismo rechace los nuevos tejidos. Otra de las cuestiones que ha sido barajada por el comité ético es el del rechazo de su nueva imagen. Sin embargo, según Butler, sus simulaciones previas por ordenador demuestran que el receptor no tendrá la misma imagen que su donante debido a que la estructura y forma de ambas caras es diferente.
"Salir a la calle, ser capaces de pasear sin que nadie se les quede mirando, eso es lo que todas estas personas quieren. Ser normales", concluye.
La historia de Isabelle, Francesa transplantada parcialmente de cara en Francia, 2005
El equipo que ha trasplantado la cara a una paciente explica las claves de la intervención
Los expertos avisan de que el implante de rostro sólo es viable en casos excepcionales. Además, alertan de las importantes dudas éticas que suscita
RUBÉN AMÓN (Enviado especial a Lyon)

La mujer operada, a su salida del quirófano. (Foto: REUTERS)
No se ha hablado de otra cosa en toda la semana. Los intentos que se han llevado a cabo en los últimos años por implantar una nueva cara a los pacientes con graves deformidades están empezando a dar sus frutos. Hace apenas un par de días, un equipo de cirujanos franceses anunciaba que había implantado con éxito los labios, el mentón y la nariz procedentes de un donante a una mujer que sufría graves heridas por la mordedura de un perro.
Inmediatamente después, varias voces se han alzado para pedir calma ante la controversia que ha desatado este caso. Por un lado, los expertos destacan la enorme complejidad de la intervención y avisan de las numerosas implicaciones éticas que hay que solventar antes de abordar este procedimiento.
Por otro lado, advierten de que, aunque todos estos obstáculos se salven, el trasplante de cara sólo estará indicado en pacientes muy determinados, como los quemados graves, los afectados de melanomas agresivos o los que sufran lesiones muy deformantes.
La paciente recientemente intervenida ya ha tenido el valor de mirase al espejo. Lo hizo a mediodía del lunes, apenas 24 horas después de haberse sometido a lo que se ha anunciado como el primer transplante facial parcial de la historia.
En ese momento estaba rodeada por los artífices de la operación y un numeroso equipo de psiquiatras, aunque la mujer, francesa, de 38 años, reaccionó al desafío con aparente normalidad. Parece ser que, incluso, dijo "gracias" a los doctores entre sollozos.
Ahora puede hablar, comer y beber, esperando que el rostro heredado de una donante cerebralmente muerta se parezca un día al suyo.
LA DONANTE
No será tan difícil. Al menos, los doctores Dubernard y Devauchelle, responsables del hito, oficiaron ayer en Lyon (localidad situada al este de Francia) una multitudinaria rueda de prensa para explicar que los órganos trasplantados -mentón, labios y nariz-, el tejido subcutáneo y el tejido muscular podrán acomodarse progresivamente en las facciones originales de la paciente que ha sido intervenida.
Es más, resulta que la donante, cuyo estado físico "era excelente", en palabras del equipo de especialistas, tenía una pigmentación de piel extraordinariamente similar a la de la receptora, de modo que no van a apreciarse, al menos de manera muy aparente, las diferencias entre el tejido antiguo y el que se ha injertado en esta operación.
CIENCIA-FICCIÓN?
Cuando se plantea esta cuestión, Jean-Michel Dubernard, artífice del primer transplante de una mano en 1998, prefiere hablar de valentía y de solidaridad. Entre otras razones, para defenderse de las connotaciones éticas y morales que se derivan de una transformación tan abrupta de la identidad.
"Les voy a decir una cosa, señores. Soy un médico que ha recibido a una paciente desesperada. Mi misión era ayudarla y abrir las puertas a un campo de la cirugía que puede colaborar a convertir en felices a muchas personas que actualmente no lo son", señalaba Dubernard ante el asedio de los periodistas anglosajones.
Algunos le han llamado el epígono contemporáneo del doctor Frankenstein, pero Dubernard sostiene que la cirugía tradicional de cualquier tipo era incapaz de resolver el problema de un rostro tan desfigurado.
"La cuestión no era meramente estética, sino de funcionalidad. Esta mujer de 38 años no podía masticar, ni apenas hablar. Tampoco se atrevía a mirarse al espejo. ¿Cuál es el problema? Aquí hemos elegido un método excepcional para una situación excepcional", decía el médico francés sobre la tarima del anfiteatro del hospital Herriot.
La excepcionalidad de este caso reside en que la mujer fue atacada con gran ferocidad por un perro que le arrancó parte del mentón, le despojó de los labios y le provocó daños irreparables en la nariz. Sucedió el pasado mes de mayo en la localidad francesa de Valennciens.
Siete meses después, la paciente convalece en buen estado después de haber permanecido 25 horas en el quirófano y de haber reunido los equipos de tres centros hospitalarios: el de Amiens, donde ahora reposa; el de Lyon, donde trabaja Dubernard; y el Universitario de Bruselas, de donde provienen algunos refuerzos quirúrgicos y logísticos necesarios para un a intervención de tal envergadura.
Porque la proeza ha requerido medio centenar de médicos y enfermeros. Más de la mitad son cirujanos con experiencia en transplantes, pero también hay hematólogos, anestesistas, reanimadores, neurólogos, dermatólogos y psiquiatras. "Nuestra operación se ha enfrentado a tres grandes problemas", explicaba ayer Jean-Michel Dubernard con ademanes y espíritu de profesor universitario.
"Primero, la dificultad técnica que supone implantar la 'máscara' del donante en el rostro del receptor. Me refiero al trabajo de conectar las venas, las arterias, los circuitos nerviosos, además de implantar la piel, el tejido subcutáneo y los músculos que darán vida a la cara", aclara.
El segundo problema es de orden vascular. Dicho de otro modo, "conseguir que funcione el riego sanguíneo que constituye la base de la 'alimentación' de la zona operada", de acuerdo con el esfuerzo didáctico de Dubernard.
Y el tercer obstáculo es el miedo al rechazo. Primero habrá que observar ciertas cautelas durante aproximadamente 18 meses para observar cuál es la evolución del tejido injertado.
Incluso cuando se sobrepase esta barrera, no se podrá bajar la guardia, ya que los inmunosupresores que esta mujer tendrá que tomar de por vida para evitar que su organismo rechace su nueva cara mermarán sus defensas, haciéndola más susceptible de padecer enfermedades que para cualquier persona sana no supondrían ningún problema. Además, existe la posibilidad que la zona de la cara trasplantada acabe desarrollando un tumor maligno que haga inviable este implante y haya que retirarlo.
"Ahora bien, hemos extremado las precauciones", matizaba al alimón el sobrio profesor Devauchelle. "Por un lado hemos contrastado la idoneidad del donante con exámenes exhaustivos. Y por otro, hemos incorporado nuevas soluciones científicas para garantizar el proceso de tolerancia".
EVITAR EL RECHAZO
Una de estas estrategias ha consistido en implantar a la paciente células procedentes de la médula espinal de la donante. Y la otra, mucho más compleja, radica haberle inyectado células hematopoyéticas mediante una transfusión. Éstas también provenían de la paciente fallecida. Ambos procedimientos se han llevado a cabo con el objetivo de 'familiarizar' los tejidos intercambiados.
"El resultado de la operación ha sido incluso mejor que el esperado", decía con orgullo el doctor Dubernard. "Tendremos que esperar seis meses para advertir como se regeneran los nervios y como funcionan los músculos de la zona trasplantada, pero los síntomas iniciales son óptimos", apostillaba el demiurgo francés.
Éste no se encontraba solo. Le custodiaba la directora general de la Agencia de Biomedicina, Carine Camby, precisamente para avalar en nombre de la ley y de la deontología la proeza realizada el pasado domingo en el Hospital Universitario de Amiens.
"Más allá de haber seguido con escrúpulo los protocolos tradicionales, que contemplan la realización e innumerables informes médicos y psiquiátricos, nos hemos detenido en la especificidad del caso. Ninguna solución tradicional podía devolverla la función de masticar y de hablar. Como tampoco eran válidas las aplicaciones más avanzadas de la cirugía estética, reparadora o maxilofacial. Además las heridas ni siquiera habían cicatrizado y se agravaba la situación de la paciente".
LA ÉTICA
A pesar de todo, algunos especialistas ya han hecho las primeras objeciones al respecto de esta intervención. Concretamente, el doctor Laurent Lantieri, cirujano familiarizado con el caso debido a su labor en el Hospital Henri Mondor de París ha criticado que el implante de cara se haya realizado sin haber recurrido previamente a otras alternativas quirúrgicas reconstructivas y ha dudado de que la receptora de los tejidos esté debidamente preparada psicológicamente para afrontar su nueva situación.
Sin embargo, los cirujanos que han acometido este reto defienden la postura de que la emergencia requería la convocatoria de un complejo tribunal ético francés, cuyo veredicto favorable estaba condicionado a tres cláusulas: El compromiso de una intervención con muchas posibilidades de éxito; la plena aquiescencia y el completo conocimiento de la receptora, incluidos riesgos físicos y psicológicos; y, finalmente, que la operación no supusiera ningún daño a otros órganos vitales de la donante, naturalmente para que pudieran aprovecharse en otras emergencias.
Sin olvidar un gesto de dignidad que pidieron los padres: aceptaron que a su hija se le despojara del triángulo facial, pero exigieron a cambio que la cara le fuera reconstruida artificialmente para no dejarla tan desfigurada.
Los doctores cumplieron su palabra mediante la colocación de una mascarilla de silicona en el rostro de la paciente fallecida. Un detalle escabroso o simbólico que subraya la importancia de las cuestiones éticas de fondo.
"Sabemos que estamos en una situación límite", precisaba Carine Camby. "Y que deben guardarse todos los procedimientos de respeto y de agradecimiento a la familia de la donante. Por este mismo motivo entendemos, por ejemplo, que sería particularmente inadecuado un encuentro entre los familiares de esta mujer y los de la receptora.
Sabiendo que en ambos casos ha predominado el principio de la solidaridad, añadía la directora de la Agencia de Biomedicina en el transcurso de la rueda de prensa. ¿Quién era el donante? La cautela y la prudencia se han multiplicado para preservar su identidad. "Sabemos que era una mujer y conocemos que se encontraba en situación de muerte cerebral cuando se le despojó del ya famoso triángulo facial", se ha limitado a apuntar esta especialista.
MATICES
Esta aclaración viene a cuento porque el éxito del transplante está relacionado de manera muy directa con el hecho de que el donante estuviera biológicamente vivo. O que acabara de morirse, visto que los médicos franceses eludieron ayer responder la duda que, al respecto, le hicimos los periodistas presentes en la sala.
Sí reaccionaron, en cambio, cuando salió a colación el presunto intento de suicidio de la paciente que ha recibido el nuevo rostro. La noticia, aunque proviene directamente de una de sus hijas, ha sido inmediatamente desmentida por Dubernard y Devauchelle , que insistieron en que se trataba de un malentendido.
"No es verdad que quisiera quitarse la vida después del accidente con el perro. Tomó pastillas para dormir, pero se han exagerado mucho las cosas", matizó el señor Dubernard bastante indignado. Y es que ésta fue la anécdota negativa de la jornada. La positiva se produjo cuando los artífices de la operación cruzaron las manos como si fueran los mosqueteros.
"Estamos haciendo historia", parecían decirse Dubernard y Devauchelle mientras las cámaras de medio planeta les 'fusilaban'.
fuente
http://elmundosalud.elmundo.es/elmun...161774092.html
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2...133605414.html (historia de Isabelle, transplante parcial de cara el 2005)