
Iniciado por
Amenadiel
Vaya, la historia da para un guión.
A veces la vida nos pone esas pruebas. Cuando uno es niño dice "voy a ser bueno" y tiene clara la diferencia. Que es mejor ganarse las cosas que robarlas. Que es mejor ser leal que ser traicionero, que es mejor ser trabajador que flojo, que es mejor ser sincero que mentiroso, mejor discreto que chismoso, mejor humilde que arrogante, mejor valiente que cobarde, mejor generoso que avaro, mejor solidario que insensible, mejor cordial que cortante, mejor conciliador que conflictivo. Y uno dice: "esto está super fácil, ya caché cómo hay que vivir".
Y luego sales a la vida y te das cuenta de que no hay un camino 100% bueno y uno 100% malo, sino mezclas no siempre muy aceptables.
En tu caso, un camino te hacía ser cordial pero deshonesto. Otro te hacìa ser chismoso pero cobarde. Todas las elecciones que tomaste fueron entre dos males, pero a veces el prójimo es quien te pone en esa situación. Desde que sacó el jamón tuviste que elegir entre traicionar a un amigo o hacerte su cómplice, entre ser conflictivo y quedar de soplón, o ser solidario con alguien pobre en desmedro de ser un mercenario que cuida las bodegas de los ricos.
Está bien lo que te dijo el subjefe de los guardias, pero esa no es la moraleja con la que me quedo. Me quedo con que madurar es, en parte, darse cuenta de que una de las dificultades de elegir el camino del bien no es que sea más escarpado, sino que las opciones no siempre son tan obvias.