La Tortura Moral
Existe una perversión innata en todas las religiones, la que se manifiesta principalmente en sus dogmas morales. Los dogmas son artículos de fe, es decir, conceptos absolutos e indiscutibles.
Discutir un dogma significa caer en la herejía y, por lo tanto, convertirse en enemigo.
Estos dogmas han sido elaborados cuidadosamente con el único fin de colocar a las personas en una condición de inestabilidad y, por lo tanto, hacerlos dependientes de los sabios consejos de sus pastores.
Una de las mas perniciosas falacias de la moral religiosa -específicamente la católica- ha recaído sobre la sexualidad.
La secta católica que obtuvo el beneplácito imperial en el concilio de Nicea, excluyó radicalmente a todas las demás agrupaciones cristianas de entonces, considerándolas heréticas e iniciando su despiadada persecución que duró varios siglos.
San Pablo dice textualmente. "...bueno le sería al hombre no tocar mujer" (Corintios I, 7, 1) . "Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia..." (Gálatas 5, 19).
Es decir, no existe una separación entre el objeto y la intención, sino que el objeto lo es todo. Sin embargo, tolera el matrimonio y pide al casado no se separe y si se separa, que no vuelva a casarse.??? Al soltero recomienda seguir así. Pero lo más notable en sus epístolas es la carencia casi total de expresiones relativas a la familia, salvo algunas menciones menores respecto a los deberes entre padres e hijos.
Aún así, la castidad sacerdotal no logró imponerse hasta varios siglos después, lo que provocó serios conflictos puesto que la mayoría de los sacerdotes habían formado hogar y familia.
Durante la Edad Media, era en que predominó en Europa el poderío de la Iglesia Católica, la mujer sufrió las más viles persecuciones. Los sacerdotes podían abusar sexualmente de las mujeres, pues luego bastaba con acusarlas de "haber usado hechicería en su contra" para seducirlos, para que la pobre terminara en la cima de una pira ardiente y el culpable, previa confesión y arrepentimiento, volviera al estado de gracia. No por nada, durante aquella época, la mujer era denominada Janua Diáboli, es decir, la entrada al infierno.
Largo y tedioso sería enumerar la interminable lista de disposiciones emanadas de la Iglesia principal y de sus obispados referentes a la práctica sexual. El sexo era tolerado en el matrimonio, pero solo con la finalidad de procrear, idea que permanece hasta nuestros días, puesto que el último catecismo establece con claridad que el matrimonio tiene por función "santificar las funciones biológicas del sexo".
Pero el asunto es algo más profundo y serio de todo lo anterior que podría revestir un carácter mas bien anecdótico. El problema principal deriva del macillamiento permanente y sistemático de la sexualidad, lo que tiene un propósito bien claro y preciso, cuya depravación resulta asombrosa.
Prácticamente todos los instintos naturales fueron mancillados por la religión. De esta forma colocaban un abismo entre el hombre real y el "cordero" que la Iglesia requería para cimentar su predominio. Generaban así, por medio de un dogma moral, la dependencia absoluta de los ignorantes. Y cualquier persona libre de prejuicios que desea comprobarlo, no tiene mas que leer cualquier libro escrito por religiosos para descubrir la malicia implícita y explícita que desbordan sus páginas.
Obviamente, una sociedad no puede sobrevivir a una restricción tan estúpida, pues atenta contra su naturaleza esencial. Por tal motivo, el concepto de pecado ha sido fundamental en el establecimiento del predominio de las religiones. Pero las ideas cambian. Actualmente podemos discutir todas aquellas atrocidades. Anteriormente los disidentes (herejes) eran destruidos sistemáticamente. Debemos aclarar aquí que la palabra hereje deriva del griego airesía que significa "objeto de estudio independiente".
Hoy, en que las instituciones han perdido su poder aniquilador y en que los dogmas mismos han disipado su influencia, podemos ver un atisbo de esperanza en el desarrollo moral e intelectual de la humanidad.
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