Malvinas, un documento secreto británico: la S17111 (AS – 5728/311/2)
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Un documento secreto británico – la S17111 (AS – 5728/311/2) de fecha 17 de septiembre de 1946 – cuestiona severamente las versiones de Davis y Hawkins en cuanto al “descubrimiento” de las Islas Malvinas. Descarta esa posibilidad en base de las enormes diferencias entre las descripciones de ambos navegantes con las condiciones reales del terreno, costas y accidentes geográficos de las Islas. Por otra parte, las Malvinas eran totalmente despobladas. La crónica de Hawkins no coincide con la apariencia real de las islas con una campiña excelente, bastante llana de clima templado y habitada.
El avistaje de Strong es aceptado por los historiadores pero, no tomó posesión de las Islas sino simplemente desembarco para aprovisionarse de agua dulce y carne fresca (varias especies de patos). En el año 1580, la reina Isabel I de Inglaterra expresó serios reparos acerca de reclamos territoriales fundamentados solamente en descubrimientos.
1748. Agrego aquí la solicitud presentado al Rey Carlos III por Inglaterra pidiendo autorización a la Corona española para mandar una expedición británica al Mar del Sur, como era conocido en ese entonces el Atlántico Sur, y a buscar Malvinas. España denegó la autorización solicitada argumentando sus inviolables derechos soberanos sobre las mismas. La Gran Bretaña acata la decisión de España, en reconocimiento de los legítimos títulos españoles.
1764. Colonización francesa a través de Louis Antione de Bougainville. Antecede la pretendida “primera ocupación” por parte de los ingleses que ocurre dos años después con la llegada de Mc Bride a Puerto de la Cruzada de la Gran Malvina estableciendo una base naval clandestina en Puerto Egmont sobre la isla
Trinidad (Saunders).
1765. Byron desembarca en Egmont, declarando las Islas “Posesión de la Corona de Su Majestad Jorge III”. Sin embargo, ninguna colonia británica fue establecida en esta ocasión. Bougainville hace un año ya estaba establecido en Puerto Louis de la isla Soledad.
1766. En el mes de enero de esta año MacBride instala la base naval clandestina en Puerto Egmont a 180 millas hace el oeste de Puerto Louis. En diciembre , un explorador de McBride encontró la colonia francesa en la Soledad. MacBride navegó hasta la colonia y intimó a Bougainville retirarse inmediatamente del lugar, cosa que los
franceses rehusaron terminantemente hacer.
En octubre del mismo año, la corona francesa acordó devolver su colonia a España, informando al gobierno británico de esta decisión. El Duque de Choiseul le avisó al embajador inglés de París que, cito: “España había reclamado y obtenido de Francia el dominio de las Malvinas,- en cumplimiento del Tratado de Utrecht (de 1713), por cuanto de acuerdo con él, todos los países con excepción de España, estaban excluidos del derecho de establecer colonias en esa parte del Mundo” - fin de cita.
1767. Francia reconoce honradamente la soberanía española primaria y indiscutible de España sobre el archipiélago y entrega su colonia a esa Corona mediante un Tratado Internacional entre las partes. Sin ser obligada hacerlo, España reconoce las inversiones realizadas por Bougainville en la Colonia y le recompensa económicamente. España continúa interrumpidamente la presencia efectiva y administrativa en Puerto Soledad – el nuevo nombre para Puerto Louis – nombrando el primer Gobernador español del territorio, don Felipe Ruiz Puente, con residencia real y efectiva en el asentamiento de Soledad.
1769. Se produjo el incidente aludido en el resumen inglés. En el mes de noviembre, el piloto de una goleta española se encontró con el “Tamar” bajo el mando del capitán Anthony Hunt. Hunt expulsó el buque español. El gobernador españolen Puerto Soledad, Ruiz Puente, protestó ante Hunt por su proceder agresivo e le pidió que se retirase del archipiélago español. Hunt responde diciendo que las Islas eran británicas y quien debería dejar las islas eran los españoles, dándoles término de seis meses. Los españoles consideraron el ultimátum sumamente ofensivo y lo rechazaron.
1770. 10 de junio, luego de una breve y casi simbólica batalla, el General Madariaga expulsa los ingleses de la guarnición militar de Puerto Egmont, consiguiendo la rendición del fortín y los armamentos. La noticia de esta expulsión de la colonia ilegítima británica en Puerto Egmont por parte de las fuerzas españolas, puso el gobierno inglés en un delicado posición política en la cual la cuestión del “honor” nacional de los británicos jugó un papel muy importante.
1771. El incidente anglo-español del año anterior se destraba cuando Federick Lord North expresa confidencialmente al embajador español, Francés; que, cito “él no podía hablar ministerialmente sobre un abandono de Egmont después de un breve restitución del mismo, pero si el embajador le prometía que esta conversación no sería hecha pública, le diría confidencialmente que (los británicos) no deseaban conservar la isla (Trinidad) que de nada les valía y que si España daba la satisfacción exigida por la Corona, con seguridad la evacuarían.” fin de cita.
Con esta promesa, el Príncipe de Masserano negocia un acuerdo en España y la Gran Bretaña que restituye el fortín y instalaciones de Puerto Egmont en la Gran Malvina a los ingleses. La soberanía española sobre el archipiélago está expresamente resguardada íntegramente. España continuó gobernando las Islas desde Soledad, sin cuestionamientos por parte de la Corona británica.
1774. Los ingleses abandonaron voluntariamente las instalaciones en Puerto Egmont aduciendo motivos económicos. A continuación de la evacuación inglesa, Inglaterra aceptó el continuo ejercicio de soberanía sobre las islas por parte de España. Después de retirarse de la isla Trinidad, la Gran Bretaña nunca protestó la continua presencia en las islas del asentamiento español, ni los numerosos actos de ejercido de soberanía llevados a cabo por parte de España sobre el archipiélago que incluyen: a) el nombramiento sucesivo de veinte diferentes gobernadores de las islas por parte de España entre 1774 (la fecha del retiro inglés) hasta 1811; b) la inclusión de Malvinas en el Virreinato del Río de
la Plata establecido en 1776; c) la demolición en 1777 bajo orden de España de las construcciones abandonadas por los británicos en la islas trinidad; c) durante las ocupaciones de la ciudad de
Buenos Aires en 1806 y 1807, los ingleses no manifestaron ningún interés por las islas.
1776. Se constituye el Virreinato del Río de la Plata estableciendo sus limites territoriales, dentro de los cuales se incluye las Malvinas. Gran Bretaña no objetó esos limites, ni presentó reserva de derechos alguno.
En esta fecha, gobernaba las Islas el español Francisco Gil Lemos cuyo sucesor fue Ramón Caraza quien gobernó entre 1777 y 1779. Hasta 1790 las sucesiones fueron:
Salvador Medina 1779 – 1781, Jacinto Altolaguirre 1781 al 1783, Fulgencio Montemayor 1783 – 1784, Agustín Figueroa 1784 – 1786, Pedro de Mesa Castro 1786, Ramón Clairac 1787, Mesa de Castro nuevamente en 1788, Clairac cumplió un segundo mandato durante 1789 y Juan José Elizalde llegó a Puerto Soledad por primera vez en 1790.
Por razones más que obvias, el resumen de los hechos que sirve de consulta para defender las pretensiones inglesas ignoran cualquier otro acontecimiento que puede haber sucedido entre 1776 y 1833. Para ser objetivo en la conclusión final es necesario considerar estos hechos.
1790. Un incidente entre las fuerzas de España y Gran Bretaña en el Estrecho de Nootka (Canadá) en 1789 nuevamente llevó a estos dos países al borde de la guerra. El conflicto fue resuelto pacíficamente por intermedio del Tratado de San Lorenzo, firmado por Gran Bretaña y España el 25 de octubre de 1790. Por este acuerdo, España le otorgó a Inglaterra el derecho a navegar, desembarcar y colonizar las regiones de la costa del Pacífico de Norteamérica todavía no ocupadas por colonos españoles. Gran Bretaña, por su parte, se comprometió una vez más a no violar las posesiones españolas en Sudamérica, y acordó con España de que ninguna de las dos naciones establecería nuevos asentamientos al sur de las plazas españolas continentales e insulares ya establecidas en las costas oriental y occidental de Sudamérica (art. 6º de la Convención).
Puesto que en 1790 las Malvinas estaban ocupadas por España, y dado que las Islas se encuentran al sur de las posesiones españolas en Sudamérica, este Tratado representó la aceptación británica del derecho de soberanía española sobre las mismas, y comprometió legalmente a Inglaterra a no establecer asentamientos en, o cera del, archipiélago. Este tratado es, por lo tanto, un claro reconocimiento británico del derecho exclusivo de soberanía por parte de España sobre Malvinas. Asimismo, el Tratado de San Lorenzo también representó un abandono de jure por parte de Gran Bretaña de su reclamación de soberanía sobre las islas porque al aceptar la prohibición legal de volver a establecer un asentamiento en las Islas, Gran Bretaña no podía desarrollar ni mantener un proceso de reclamo de soberanía sobre ellas. (El memorándum de Gaston de Bernhardt, de 1910 y producido por orden del Foreign Office observa lo siguiente: Por este artículo, es evidente que la Gran Bretaña estaba excluida de ocupar cualquier parte de las Islas Falkland (Malvinas).)
Después del Tratado de San Lorenzo, igual que antes, la sucesión de los gobernadores españoles en Malvinas continuo normalmente. Pedro Pablo Sanguinetto reemplazo Elizalde en 1791 y se alternaron en el cargo en 1792 y 93 respectivamente. José Aldana Ortega llegó en 1794, Sanguinetto volvió en 1795 y Ortega en 1796. Luis de Medina Torres y Francisco Javier de Viana se alternaron los años 1797, 1798, 1799 y 1800. Para el año 1801 fue designado Ramón J. Fernández Villegas y Bernardo Bonavía en 1802. Antonio Leal de Ibarra sirvió durante el año 1803, Bonavía en un segundo mandato en 1804 y Leal de Ibarra, el año siguiente 1805. Juan Cristósomo Martínez estuvo en las Islas en el primer semestre de 1806 siendo reemplazado por Bernardo Bonavía nuevamente y éste ejerció el cargo hasta 1809, soportando todas las inconvenientes que causó a la guarnición isleña las invasiones inglesas de Buenos Aires en 1806 y 1807. Gerardo Bordas fue el anteúltimo gobernador español en Puerto soledad entre 1809 y 1810 y Pablo Guillen estaba al mando hasta mediados del mes de febrero de 1881 cuado recibió órdenes de replegarse sobre
Montevideo con el personal y armamento de la plaza Malvinas.
Lo importante aquí es que durante y después de la derrota por las fuerzas de Buenos Aires defendiendo el Virreinato del Río de la Plata, las autoridades españolas en Buenos Aires mantuvieron su ejercicio de soberanía en Malvinas.
1810. Nace la
Argentina. El nombre de referencia “Argentina” fue utilizada por primer vez en 1601 y refería al Río de la Plata. El pueblo del Virreinato del Río de la Plata inició su lucha por la independencia cuando una junta de personalidades de Buenos Aires reemplazó al virrey español en el mes de mayo de 1810. Esto resultó en un repliegue de todas las fuerzas españolas en la región del Río de la Plata a Montevideo. Así fue como, en 1811, las fuerzas españolas en las Islas Malvinas fueron transferidas a Montevideo. La consiguiente lucha duró tres años y el 20 de junio de 1814 los españoles rindieron a Carlos María de Alvear. Dos años después, el 9 de julio de 1816, el Congreso de Representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declaró formalmente la independencia.
De acuerdo con el principio internacional de sucesión territorial, el nuevo estado reclamó el territorio que le había pertenecido al Virreinato del Río de la Plata. Como se ha indicado anteriormente, las Islas Malvinas fueron parte integral de dicho virreinato. Es más, el gobernador español de la islas se encontraba bajo autoridad del virrey español en Buenos Aires.
Valga profundizar un poco aquí, en el concepto jurídico de la sucesión territorial. El principio de derecho internacional de la sucesión territorial sanciona que cuando una colonia se independiza (como lo hizo el Virreinato), el estado soberano emergente (las Provincias Unidas del Río de la Plata) hereda el territorio que poseía como colonia. En casos en que la independencia de una colonia lleva al establecimiento de dos o más estados (el caso nuestro), los nuevos estados se dividen el territorio de la antigua colonia entre ellos por medio de acuerdos o tratados. (Este principio de la sucesión territorial fue reconocido el siglo pasado con la independencia de la mayoría de las antiguas colonias europeas en África y Asia.) Finalmente, el documento S-17111 confiesa que la ausencia británica de las islas por el período 1774 – 1832 supone el abandono de todo derecho o título previo al 1832, aun asumiendo que estos derechos o títulos hubieran sido válidos.
1814: En el mes de agosto, se firma el “Tratado de Amistad y Alianza” entre España y Inglaterra que ratifica las condiciones de la Convención de Nootka Sound que precluía toda ocupación británica de las Malvinas.
1820: En fecha 6 de noviembre de 1820, el comandante David Jewett, al frente de la fragata “Heroína” se hace caro, en nombre del gobierno de las Provincias Unidas del río de la Palta, y con las formalidades de práctica, de Puerto Louis o Puerto Nuestra Señora de la Soledad, como lo llamaban los españoles. Hallábanse presentes en dicho acto capitanes y tripulaciones de más de cincuenta embarcaciones que se encontraban en Bahía de la Anunciación, muchos de ellos de bandera británica. No hubo ni protesta, ni mención de este acto por parte del gobierno de Su Majestad. Por otra parte el documento secreto antes mencionado reconoce plenamente esta toma de posesión en nombre del gobierno de Buenos Aires.
1823: Le sucede el comandante Pablo Areguaty quien se había hecho cargo del archipiélago luego que Jewett se retira de allí. El general Martín Rodríguez, jefe del gobierno argentino, concede a una veterano de la guerra de Independencia, Jorge Pacheco, treinta leguas de tierra con derechos exclusivos a la explotación del ganado vacuno y de pesca. Pacheco, subcontrata a Robert Schofield para establecer la empresa en las Islas y instalar un poblado en las mismas. Una vez más, hubo un silencio absoluto por parte de Inglaterra al respecto.
1826: Luis Vernet, socio de Pacheco, se hace cargo de la administración de las actividades comerciales en Malvinas y intenta establecer el poblado llevando allí personal y caballada de la región patagónica. Sus esfuerzos no prosperaron.
1828: El 8 de enero, se otorga a Luis Vernet, la concesión del Puerto Soledad, por veinte años, con la condición de establecer allí un poblado, lo que fundó, a los dos años con cien hombres: gauchos e indígenas de la Pampa, colonos y balleneros europeos.
1829: Por decreto del 10 de junio de 1829, el general Rodríguez lo constituye comandante político y militar de las Islas. Vernet se instala con su familia en Puerto Soledad, llevando como mayordomo al escocés Mateo Brisbane. Ocupa la casa de cal y canto construida en 1807, durante la gobernación española de Gerardo Bordas. Vernet y su familia llegó a las Islas el 15 de julio de 1829.
Diciembre, protesta del cónsul ingles en Buenos Aires, Woodbine Parish.
1831: En el mes de agosto de este año, Vernet captura tres barcos pesqueros norteamericanos que se dedicaban a la caza de focas y pingüinos en las costas de la península de San Salvador, como así también, la matanza indiscriminada del hacienda vacuno en la Soledad. Ambas actividades estaban expresamente prohibidos por la ley de caza y pesca aprobada tres años antes, por la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires.
Mediados de noviembre de 1831, Vernet se ve obligado a trasladarse a Buenos Aires para instruir un sumario contra los infractores norteamericanos, hecho que da lugar al triste episodio siguiente y un largo y irresuelto pleito con el gobierno de Norte América.
El 28 de diciembre, a causa de una protesta del cónsul interino norteamericano en Buenos Aires, George Slacum, por la captura de las barcos pesqueros clandestinos, desembarca en Soledad la tripulación de la corbeta de guerra estadounidense “Lexington” cumplimentando las órdenes impartidas por su comandante, Silas Duncan, y toma una salvaje represalia que resulta ser un pillaje: Saquea las viviendas y depósitos, ultraja a los pobladores, toma prisioneros dos lugartenientes de Vernet y a seis oficiales de la guarnición y inutiliza la artillería del fuerte.
El brutal y innecesario atropello causa profunda indignación en Buenos Aires. El gobernador Juan Manuel de Rosas instruye a su ministro Manuel Maza, para que inicie una enérgica protesta ante el gobierno de Wáshington, lo que éste cumple en un largo memorándum, el 8 de agosto de 1832, en el cual, después de justificar el procedimiento de Vernet, acusa a Duncan de piratería y exige una reparación y una indemnización por la iniquidad cometida contra los pobladores de Soledad.
Luego se dan pasaportes al cónsul Slacum y al encargado de negocios Baylies, por su atrevida participación que dio inicio al asunto.
Norte América evade la demanda argentina, alegando que aún no estaba definida la controversia con Inglaterra sobre la propiedad de las Islas, dando así por concluída la discusión.
El libro oficial inglés “The Annual Register” (Londres 1833), que contiene una reseña de los acontecimientos mundiales de 1832, comentando el conflicto argentino-norteamericano, reconoce implícitamente la soberanía argentina, al expresar lo siguiente: “..... la República (Argentina) estuvo en cierto peligro de colisión con los Estados Unidos, a causa de que un navío de guerra norteamericano destruyó un establecimiento perteneciente a la República, en una de las islas Falkland (Malvinas). La República pidió una satisfacción y los Estados Unidos designaron un enviado especial, pero la negociación no llegó a término satisfactorio. El enviado pidió y obtuvo sus pasaportes. El gobierno argentino lo acusó de haber ido a entorpecer la negociación ......... y declaró su determinación de afirmar su poder y sus derechos sobre las Islas Falkland (Malvinas).”
1832: El 10 de septiembre, el mayor Juan Estaban Mestivier es nombrado comandante interino de las Malvinas, y transporta en la goleta “Sarandi” cincuenta hombres con sus respectivas familias y cierto número de presos por delitos comunes, con los que pensaba iniciarse un penal en el territorio.
25 de septiembre. La goleta “Sarandi” zarpó de Buenos Aires con destino Puerto Soledad.
26 de septiembre. El cónsul norteamericano en Buenos Aires, Baylies, le enrostró al embajador británico en Buenos Aires, Henry Fox, que el gobierno de su Majestad permita que una “horda de piratas” ocupe Malvinas.
01 de octubre. El ministro de Relaciones Exteriores Argentinos, Manuel Maza, contesta al embajador inglés, Fox, informándole que su reclamo estaba a la consideración del gobierno y cuando sea oportuno, le haría saber el derecho de la República sobre las Islas. El mismo día, el señor Fox, eleva nota al Lord Palmerston ponderando importantes consideraciones sobre la disputa entre Buenos Aires y los Estados Unidos y la posición más conveniente para la Gran Bretaña ante dicha disputa.
28 de noviembre. El Contralmirante y Comandante en Jefe de la Estación Sudamericana inglesa, Sir Thomas Baker, impartió detalladas instrucciones al Comandante de la corbeta “Clio”, capitán John Onslow, sobre su expedición a Malvinas.
1833.
2 de enero. La corbeta inglesa “Clio”, al mando del capitán John James Onslow, entró en Puerto Soledad procedente de la Bahía de la Bruzada y intimó al comandante de la goleta de guerra argentina “Sarandi” arriar el pabellón nacional y retirase de las Islas, junto con el personal de la guarnición y los pobladores de Soledad.
3 de enero. El teniente coronel José María Pinedo, reunió a su tripulación en Consejo de Guerra para evaluar la inesperada situación presentada. Corría con gran desventaja puesto que muchos de los hombres de la “Sarandi”, eran británicos que no querrían enfrentarse con sus connacionales de la “Clio”. Por otra parte, estaba ampliamente superado numéricamente y por cantidad y calibre de los cañones de la corbeta inglesa apoyada por la fragata “Tyne”.
5 de enero. La “Sarandi” salió de Puerto Soledad rumbo a Buenos Aires llevando la tropa y pobladores argentinos, más sus enseres. Dejó la bandera azul y blanca flameando en la punta del mástil de la Plaza del poblado.
14 de enero. Llegó al puerto de Buenos Aires, la goleta “Sarandi”, procedente de Puerto Soledad. En igual fecha, el inglés Onslow dio por finalizada su misión en Malvinas y se hizo al mar en la “Clio”. Dejó el despensero irlandés, Guillermo Dickson como representante de los intereses ingleses en Soledad.
15 de enero. El buque de apoyo a la “Clio”, la “Tyne” se retira también de Puerto Soledad. Regresó a Puerto Egmont (de la Cruzada). El ministro Maza exige explicaciones al Encargado de Negocios británicos en Buenos Aires, Felipe G Gore, sobre los inexplicables sucesos ocurridos en Puerto Soledad entre el 3 y el 5 del mismo mes.
Dudas de funcionarios británicos sobre su derecho a las islas - Duque de Wellington, primer ministro en 1834: "he revisado todos los papeles relativos a las Malvinas. De ninguna manera encuentro claro que alguna vez hayamos sido titulares de la soberanía de dichas islas".
- Sidney Spicer, titular del Departamento América del Foreign Office en 1910: "...la actitud del gobierno argentino no es enteramente injustificada y nuestra acción ha sido algo despótica".
- R. Campbell, secretario asistente del Foreign Office en 1911: "quién tenía el mejor derecho al tiempo que nosotros anexamos las islas. Yo pienso que el gobierno de Buenos Aires [...] Nosotros no podemos hacer fácilmente un buen reclamo y astutamente hemos hecho todo lo posible para evitar discutir el tema en la Argentina".
- Sir Malcolm A. Robertson, embajador británico en Buenos Aires en 1928: "las reclamaciones argentinas a las islas Malvinas en ninguna forma son sin fundamentos", e insistía en otro documento que "el caso inglés no es lo suficientemente fuerte como para afrontar una controversia pública".
- George Fitzmaurice, consejero legal de la cancillería inglesa en 1936: "Nuestro caso posee cierta fragilidad" y aconsejaba lo que finalmente se hizo: "Sentarse fuerte sobre las islas, evitando discutir, en una política para dejar caer el caso".
- John Troutbeck, alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores británico en 1936: "...nuestra toma de posesión de las islas Malvinas en 1833 fue tan arbitraria [...] que no es por tanto fácil de explicar nuestra posición sin mostrarnos a nosotros mismos como bandidos internacionales".
El primer documento secreto de investigación sobre la validez de un título de la Corona sobre el archipiélago malvinero fue realizado por un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores británicas en el año 1910 y fue producido bajo los sellos de “SECRETO” y “CONFIDENCIAL”. Su número de referencia interna es el 9755 y se encuentra en el archivo 881/9755 de ese Ministerio. Este funcionario británico, Gaston de Bernhardt, dice al respecto:
“Alrededor de una hora antes de la reunión del Parlamento el 22 de enero de 1771, fue firmada una declaración por el Embajador español cumpliendo órdenes por la restitución de las Islas Malvinas a Su Majestad; pero la condición importante sobre la que se obtuvo esta declaración no era mencionada en la declaración. Esa condición fue – que las fuerzas británicas deberían evacuar las Islas Malvinas tan pronto como fuese conveniente y después que ellas hubieran sido puestas en posesión del Puerto y Fuerte Egmont -; y el Ministerio británico acordó, en prenda de su sinceridad, de mantener la promesa que ellos deberían ser los primeros en desarmarse (Inglaterra se preparaba para la guerra contra España).
Estos hechos son confirmados por el Conde de Guines (el intermediario entre España y la Gran Bretaña) en su memorial y por los historiadores británicos Belsham, Miller, Coote, Hughes y Wade quienes han descriptos esas transacciones en su obre “Las Historias de Inglaterra”.
Un oficio de Mr. J. Harris, Embajador de Su Majestad en Madrid, a Lord Rochford, del 14 de febrero de 1771, afirmando que “ellos (el Gobierno español) repiten que nosotros hemos dado seguridad verbal de evacuar las Islas Malvinas en el espacio de dos meses”. Aquí, no se cuestiona ningún derecho de título, ni se pide estudio de título. Se entiende totalmente que la discusión entre las partes se dirime entre España y la Gran Bretaña y con ello, este último país está reconociendo la legitimidad del derecho español. La conclusión de Bernhardt fue que la ocupación de las Islas en 1833 fue contraria a los términos de varios Tratados anglo-españoles, entre ellos el de Nootka firmado en 1790. Este trabajo ha sido la base desde la cual la diplomacia inglesa ha montado una defensa de lo indefendible para prolongar su permanencia ilegitima en las Islas.
Después de Bernhardt, hubo una serie de informes oficiales de funcionarios británicos advirtiendo la Cancillería de lo jurídicamente insostenible, la pretensión de ese Gobierno de arrogar un título de soberanía sobre Malvinas. (V. A. Mallet, distinguido jurista, 1929 [F. O. 371/12735] - J. M. Vyvyan, 1935 [Minutes of Evidence 17 de enero de 1983] – Memorándum Fitzmaurice G. H. Consejero legal de la Cancillería británica y luego juez de la Corte Internacional de Justicia, 1936. [F. O. 371/ 19763; A. 1140/889/2] Memorándum William Beckett; calificó la ocupación de las islas en 1883 como “un acto de injustificable agresión” [F. O. 371/17111; A. S. 5728/311/2]) para nombrar algunos.
En 1940, el Foreign Office, produjo un documento bajo el título de “Proposed offer by Her Majesty’s Government to reunite Falkland (Malvinas) Islands with Argentina and acceptance of lease”. Este documento indica las intenciones británicas de aceptar un arrendamiento de las Islas. El 22 de diciembre de 1970 fue excluido de la consulta pública hasta el año 1991. (Hansard Comunes V. 52, n. 22, 21 y 23 de enero de 1984.)
En 1968, el documento de reconocimiento pleno de la soberanía argentina sobre el territorio y su restitución a nuestro país, había sido elaborado en plena consulta gubernamental bilateral faltando solamente las firmas de ambos Cancilleres cuando fue malogrado por una camarilla de presión dentro de la Cámara de Comunes, protegiendo intereses económicos en las Islas. Todo esto, y mucho más, pone de manifiesto que, para el gobierno británico, no hace falta que nosotros les mostramos un título de propiedad.
Tampoco le es necesario por parte de las Naciones Unidas. La resolución 2065 (XX) de 1965 identificó con absoluta claridad las partes litigantes por la soberanía de las Malvinas cuando dice: “Tomando nota de la existencia de una disputa entre los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre dichas islas.